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Madre María Berenice (Ana Julia Duque Henker)

Fundadora de las Hermanitas de la Anunciación

 Salamina es una población del departamento de Caldas (Colombia), un lugar más bien frío, situado a 1.879 metros de altura. Las familias salamineñas son destacadas con un cierto talante de dignidad e identidad, profundamente trabajadoras y de gran religiosidad (P.Toro Jaramillo 2015). En una de estas familias nace la primogénita de 18 hermanos, Ana Julia Duque Henker el 14 de agosto de 1898 y es bautizada en la Parroquia de la Inmaculada Concepción. Ella desde muy temprana edad muestra claridad en su proyecto de vida, en sus escritos encontramos que deseaba “ser monja para vivir en un lugar alto de rodillas, sin ver nada, para oír a Dios” en su ambiente familiar recibió una formación decisiva para su vida cristiana y su crecimiento espiritual marcando positivamente su personalidad. Su abuelo paterno Juan José Duque, fue el instrumento principal en las manos de Dios para forjar su espíritu. La Madre Berenice lo recuerda en sus escritos. (P. Toro Jaramillo 2015)


Su espiritualidad estuvo centrada en la Eucaristía, sus escritos destacan como se preparaba para recibir a Jesús, sentía que un misterio desconocido la envolvía, a los 9 años de edad hizo su primera comunión. En su familia se le dio libertad para su piedad y gusto para estudiar guitarra, piano, el arte de la pintura y el bordado. (P.Toro Jaramillo 2015).


Ana Julia era la hermana mayor y esto conllevaba a un cierto compromiso familiar con sus hermanos menores que fueron muchos. Además soñaba con ser carmelita, había en ella un profundo deseo de dedicar su vida a la oración, al sacrificio, a la entrega completa al Señor. “Y como Santa Teresa siente el deseo de ser santa y se empeñaba con todas sus fuerzas por conseguirlo” (Escobar 2003, 29). 

Un sacerdote carmelita extrañamente, la conduce a la presentación, donde echa raíces y permanece desde su ingreso el 20 de diciembre de 1917 hasta el 23 de octubre de 1953, fecha en que viste el hábito y emite su profesión como hermanita de la Anunciación, (P.Toro Jaramillo 2015), la comunidad que ella fundó tras duros sufrimientos pero con la fortaleza recibida del Espíritu Santo y apoyo de personas de la Iglesia y hermanas de la Presentación. Para tranquilidad, Dios le permite escuchar por parte de sus superiores que la fundación, hermanitas de la Anunciación es voluntad de Dios. Esta obra respondió a una necesidad sentida de jóvenes que por su condición social y familiar no podían ser religiosas en esta época de la historia, 1943. Ella supo amar y comprender la vida desde la voluntad de Dios incluso en los momentos difíciles y desde la enfermedad. (P.Toro Jaramillo 2015). La Madre Berenice deseaba que sus hijas admiraran a María en el momento de la Anunciación, lo consideró como un total olvido de sí, el culmen de la humildad. María no pensó más que en la voluntad de Dios.  


Como maestra recomendó que, en los sitios de trabajo debe reinar una minuciosa limpieza esencial para la salud de los niños, alegría, buen humor. El canto al empezar y cambiar de clase como un excelente medio para formar las costumbres. La formación en comportamiento personal, estudiar cada uno de los temperamentos, sus inclinaciones, sus ideales, proceder con prudencia y delicadeza sin excluir el acompañamiento adaptado al medio para poder conducir por un camino fácil al fin que se proponen maestra y estudiante en colaboración.


 En cuanto a los horarios es necesario que la maestra sea puntual y más que abrumarlos con conocimientos se les debe hacer observar, razonar y se le dará enseñanza apropiada a su edad y a su capacidad. Los temas que indican los programas, aunque todos son útiles y practicables, ninguno debe considerarse como rigurosamente impuesto a todos los educadores. (Directorio de la hermanitas de la Anunciación 1.960)

Respecto a ella misma expresó, “que mi vida se desgaste como una vela frente al sagrario, gota a gota”, y así fue. Después de 12 años de enfermedad reducida a una cama, en la ciudad de Medellín, esperó con paciencia la hora de Dios, y llegó la hora de su muerte, ya no hay nada que hacer, la madre lo dio todo, lo entregó todo, no le queda nada, su muerte fue como una manifestación del abandono y entrega por la Iglesia, por la congregación, por el mundo, el 25 de julio de 1993. (P.Toro Jaramillo 2015). Encontramos en su tumba las palabras que ella vivió, La voluntad de Dios. Hoy continuamos su obra las hermanitas de la Anunciación, las franciscanas de la Anunciación, los misioneros de la Anunciación, las juventudes anunciatas y los laicos de la anunciación en 16 países del mundo. También tú estás invitado(a) a ser parte de esta gran familia.